Hola a todos, en este momento son casi la una de la madrugada y me he clavado checando los blogs y reflexionando sobre las cosas que pasan en nuestro querido México.
Una de las noticias que tuvimos hoy en el país es el asesinato de un periodista de Durango, hecho que considero nos pone a pensar a cada uno de los que pertenecemos a este gremio que, aunque es totalmente apasionante, en ocasiones te vacía el espíritu…
Es por ello que decidí compartir esta columna con ustedes, la cual escribí hace algunos meses y creo que hoy viene al caso por dos razones: ya está cerca el Día de la libertad de expresión (7 de junio) y apenas ayer fue encontrado el cuerpo de este periodista de Durango, Eliseo Barrón, que por desgracia se suma ya a los tantos reporteros asesinados y que, como los anteriores no sería nada raro que su crimen quedara impune.

Hermoso atardecer en el mar Caribe
SOBRE LA MESA
Maribel Torres Martín
Impunidad, una práctica común
“¡Ya soy niño grande!, exclamó Efraíncito en enérgica protesta al percatarse que llevaba puesto un pañal, cuando hace ya algunos días comenzó a dejarlos, mientras su mamá divertida le aseguraba que es la última vez que se los ponía, pero que como niño grande debía dejar también el biberón, a lo cual también enérgicamente se negó… ”
Los que somos padres, con alegría y melancolía a la vez, nos percatamos que de un día para otro, sin darnos cuenta, nuestros bebés se convierten en niños y, así crecen tan rápido que, como diría José Luis Perales en una de sus hermosas canciones: “Un día como alegres golondrinas, se irán volando por cualquier ventana, a navegar del río la otra orilla y a descubrir del mundo la otra cara…”, y, aunque en el caso de mi “Minimalandro”, como comúnmente lo llama su papá, apenas va a cumplir los tres años ya se siente grande y exige que como tal se le trate.
Los periodistas mexicanos, los más agredidos en el mundo.
Impunidad es una palabra que por desgracia resulta común en el vocabulario de los mexicanos. Esta palabra según el diccionario de la Real Academia de la Lengua Española significa: falta de castigo.
Si nos remitimos a la historia de nuestro país, nos podemos dar cuenta que desde inicios de la Independencia, pasando por la Revolución y hasta nuestros tiempos, los crímenes y agresiones en contra de cualquier ciudadano, sin importar si son políticos, empresarios, obreros o periodistas, son comunes, archivados y olvidados con el tiempo por la memoria colectiva de sus ciudadanos.
El motivo de esta impunidad, que es una constante en nuestro México, es, si podríamos llamarlo así, un misterio… aunque según analiza Francisco Martín Moreno en su libro “Las grandes traiciones de México”, que el comportamiento de los mexicanos, de esa manera tan desapegada a la verdad y la justicia, podría ser del surgimiento de la mezcla entre españoles e indios en la época de la conquista… quién sabe, es tan sólo un pensamiento que definitivamente no se puede comprobar.
Lo cierto es que en México esta impunidad es parte de nuestra vida diaria y los periodistas son clientes constantes de la misma.
Las agresiones a periodistas son por desgracia una realidad y una constante en nuestro país. Si consideramos la encuesta según organismos internacionales donde señalan a México de ser la nación con los índices más elevados en crímenes, más, incluso que países en guerra, y todo tipo de agresiones a trabajadores de los medios y a los medios mismos, nos enfrentamos a una realidad que dista de pertenecer a una democracia como tal y que nos enfrenta con una realidad donde aflora el miedo a decir la verdad y la autocensura.
El texto “Testimonios de la libertad de Expresión” de la autora Perla Gómez Gallardo, demuestra esta realidad en nuestros país, donde los periodistas contrario a verse y respetarse como defensores de la sociedad, se les mira como enemigos y es de esta forma como se les trata por los grupos que se sienten amenazados por los mismos, e incluso por las autoridades policiales que deberían velar por sus derechos y seguridad como a cualquier ciudadano mexicano.
Según estadísticas de la Fundación Manuel Buendía, del 2000 al 2008 se registraron 591 agresiones a periodistas, de las que destaca el aumento en asesinatos y desapariciones, prácticas que se dan principalmente en el norte del país; mientras que durante ese mismo período fueron 255 las agresiones a medios, en la que se destaca la amenaza e intimidación, así como la de atentado.
Estas cifras nos indican la gravedad del problema, pues cuando se demuestra con estadísticas serias que los periodistas mexicanos son más vulnerables incluso que los que viven en países en guerra, creo que deberíamos, todos, como sociedad, reflexionar y comenzar a cambiar nuestras actitudes, desde los diputados que se encargan de legislar los castigos, hasta las autoridades judiciales de cumplirlos.
¿O será que estamos destinados a vivir en un país en el que las barbaridades simplemente se dan, las vemos pasar, las escuchamos, pero tenemos que resignarnos a vivir con ellas?
Me encantarían sus opiones… Adelante
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